domingo, 2 de enero de 2011

Te agregué como amigo.

-Pon Oxígeno, es 102.1 fm.
-Pero yo quiero Studio 92. ¿Tú qué dices, Melissa?
-No sé, nunca he escuchado Oxígeno.
-Oxígeno es una buena emisora, solo que es nueva.
-Mejor apago la radio.

A los días, Melissa me comentaría que había sintonizado Oxígeno y que le había parecido bastante agradable; así que decidí escucharla también: hasta hoy es una de mis preferidas.

Él se fue porque debía prepararse para la universidad y no me dejó más recuerdo que el de su imagen congelada en mi cabeza; una en la que tiene brackets, el uniforme del colegio puesto, las uñas de la mano derecha largas por su afán con la guitarra, cabellos suavecitos; y ese gusto por Oxígeno. No supe de él más y me lamenté mucho no hallar la manera de seguir en contacto.

Lo busqué durante un buen tiempo, un buen buen tiempo, tal vez fueron años; pero ni rastro. Poco a poco fui olvidándome de todo: de su ironía que me arrancaba carcajadas, de su ansiedad cuando no sabía alguna palabra en inglés, de sus comentarios tímidos sobre lo rico que olía mi pullover, de sus bromas que no todos entendían, de lo guapo que era, de las ganas que tenía de verlo durante la semana en clases, de las historias sobre nosotros que le inventé a María Pía, de su caminar, de su altura, de su fluidez de ideas, de su cansancio, de su pragmatismo para resolver las cosas, de su lonchera azul y de su insistencia por escuchar Oxígeno. Tanto me cansé de buscarlo y no encontrarlo nunca, que decidió dejar de ser constante en sus visitas a mis pensamientos.

Ya había olvidado lo frustrante que fue jamás decirle que él también olía rico, o que la señorita de la cafetería me había dicho que me miraba muchísimo en clase y que ella sospechaba que yo le gustaba. Había olvidado todo hasta que lo vi en una fiesta. Habían pasado casi dos años, o eso creo. Mi corazón se detuvo dos segundos: i couldn't believe my eyes. Allí estaba él, con el cabello más largo, con las uñas cortas y con un atuendo que lo hacía ver churrísimo. Siempre había sido bastante guapo. Nos miramos un rato y estoy más que segura que nos reconocimos. Recuerdo con una sonrisa que tenía la misma expresión de sorpresa/shock/alegría; sin embargo, yo volteé la cara y fui a sentarme lejos de su grupo de amigos. Ya sé que fue tonto pero entiendan que tenía enamorado y que no soy de esas personas, aparte que es increíble lo tímida que soy cuando una persona me gusta. Pasamos la noche mirándonos y mirándonos y mirándonos y mirándonos, hasta que me fui y no lo vi más. Estaba con María Pía esa noche y se lo señalé; ella comentó que de verdad era bien atractivo y trató de convencerme de que le hablara mas no lo hice. Qué lindo se veía esa noche entre luces de colores y personas desconocidas. Lindo como siempre había sido.

A los días olvidé el incidente y no perturbó más mi mente. De hecho, a veces me acordaba de él y de lo muchísimo que me gustaba este pre universitario, pero era solo un bonito recuerdo de esos amores secretos que nos derriten el sentimiento.

Como dije, me cansé de buscarlo y no lo hice nunca más... hasta hoy; y hoy lo encontré. Hoy por fin lo encontré. Aún no puedo creerlo, es demasiado genial como para ser cierto, puesto que él considera el msn y todo tipo de red social una gran pérdida de tiempo. Me muero por ver sus fotos, ver si cambió mucho, si le sigue gustando Oxígeno, si ingresó a San Marcos como quería, saber qué fue del chico que me trajo loca toda la pubertad. Me atreví a agregarlo como amigo al Facebook y en serio espero que me acepte.

Solo me queda esperar. Tal vez no se conecta mucho y me tenga en vilo algún tiempo; pero no importa, solo quiero conversar con él un rato. No planeo ser su novia, que nos gustemos o algo por el estilo, ya no, ya pasó el tiempo para eso; solo quiero que sintonice Oxígeno conmigo y cantemos esas canciones de Guns n' Roses de las que gusta tanto.

lunes, 31 de mayo de 2010

You are the prettiest, smartest girl of the team. I love you more than being seventeen.

¿Es ella? Sí, tiene que ser ella. Hoy está gris, hoy la siento gris, hoy la veo gris. Me pregunto por qué esa fantasmal expresión la hace más bonita, por qué camina tan segura de sí. ¿Hacia dónde se dirige? Ella solo toma esta ruta para ir a comer o para internarse en la biblioteca. Son las 4 de la tarde. Si no ha almorzado aún, me gustaría hacerle compañía. Es dulce ver cómo se cohibe cuando me aparezco de la nada, es dulce verla titubear; odio el dulce, pero ella no empalaga.

Síguela, ímbecil, ¿no ves que camina a pasos grandes y seguros? se está yendo: SÍGUELA.

A la biblioteca. Está entrando a la biblioteca. Sube las escaleras, llega al tercer piso y el jebe de sus zapatillas tiene un sonido extraño, pero a la vez adictivo. Camina, Steph, sigue caminando que el sonido de tus calzadores me aleja de la realidad.

Espera, ¿por qué no has buscado el código del libro antes de ir a los estantes?, si tan solo supiera por qué me intrigas tanto, Steph.

Por favor, no camines tan de prisa. Por favor, déjame contemplar tu andar, déjame ver a tu cabello coqueteando con el viento, déjame ver tu mochila rebotar tras el movimiento inconciente de tus piernas, déjame ver cómo gesticulas las palabras de alguna canción que ingresa por tus oídos. No, Steph, no te detengas.

¿Qué libro buscas?

PR 4621 S61A. El código hallado le dio un efímero brillo a tus ojos, y si vieras la sonrisa que sostienes mientras admiras aquel libro titulado "The Adventures of Sherlock Holmes", tan solo si la vieras, te enamorarías de ti.

Ahí estás tú, caminando de repente y esta vez el bibliotecario tiene la suerte de merecer tus palabras. Le sonríes después de decirle gracias y él ha pensado que eres una adolescente fresca y bonita.

Bajas las escaleras y sales a la bulla del Tontódromo. Te detienes un segundo para contemplar el panorama y sé por tu expresión que te ha gustado. Has respirado profundamente y has retomado la caminata; ahora hacia la salida.

Me gustaría saber por qué te ves tan gris hoy. Si tan solo supiera por qué me intrigas tanto, Steph.

-"Hola"

Te veo ahí, hermosa como siempre. No necesitas el maquillaje para hacer lucir esos ojos negros profundos. Quién es el afortunado que te besa, dime quién acaricia tus cabellos. Tienes una piel canela atractiva.

-"Hola", he respondido con un gesto de desconfianza, como si no te recordara, como si no te reconociera. Si tan solo supiera por qué causas tanta inseguridad en mí. Algún día entenderé por qué actúo fingidamente.

Pero hoy te miro con desgano y sigo mi camino a casa.

jueves, 25 de febrero de 2010

a tear in the membrane allows the voices in

Cuando hay un nido de avispas en tu ventana conteniendo verdes larvas invasoras dentro, cuando la luz de la pc afecta directamente tus ojos, cuando una parte de tu cel se rompe y te obsesionas por arreglarlo inútilmente, cuando no escuchas música y no sientes la necesidad, cuando The Strokes y Radiohead se desunen, cuando jCasablancas canta electropop, cuando te ríes estúpidamente de una canción de Phineas & Ferb hasta que tu hermana llore, cuando sientes que debes contar hechos que ni siquiera existen en tu mente, cuando te levantas entre 11 y 12 am casi todos los días, cuando asombrosamente tender tu cama no es tedioso, cuando te cagas (pero te cagas) por él, cuando hay gente que habla de ti porque no tienen algo propio que contar, cuando eres fan número uno (estoy casi segura) del blog de aMorelli, cuando tienes una muñequita negra de vudú colgando en tu pared, cuando no cumples lo escrito en tu Agenda Bai Bai, cuando extrañas estudiar frenéticamente, cuando no te dio pena dejar el colegio, cuando sueñas en chino e inglés en una sola noche, cuando tu lengua ya no se siente enamorada de las contenciones de tus dientes, cuando decides usar un short que reemplazas por jeans al vestirte, cuando el sabor salado del pop corn agobia tu mente, cuando recuerdas el msn de tu amigo del verano 2005, cuando un moreno te ofrece servicios de reflexología, cuando sientes que lo acosas y él no se molesta, cuando te has perdido el último capítulo de Skins, cuando escribes un post de la nada, cuando las lentejitas (menestras) saben bien, cuando descubres que "cantar" o "reir" o "comer" no son verbos, cuando los cigarros se consumen a tu alrededor y no te incomoda ser fumadora pasiva, cuando sientes deseos de ser bibliotecaria como trabajo part time, cuando gastas cinco soles más de lo previsto, cuando te acostumbraste demasiado a que escriban mal tu nombre, cuando averiguas que naciste una hora antes de lo que pensabas, cuando te da miedo recaer en Laberintitis, cuando tu primera clase en la universidad se avecina, cuando necesitas una billetera que porte carnés, cuando los toritos ya no te atacan, cuando empiezas a ver tv más seguido, cuando tienes la sensación de ser espiada en la noche por un señor de lentes, cuando ves a una de tus cantantes favoritas actuar de pequeña en una novela mexicana picantísima, cuando él te lanza una mirada enojada y no puedes evitar encontrarlo más lindo que nunca, cuando te das cuenta que la destrucción de la Tierra no importa si entiendes que algún día morirás, cuando revelar esto no es incómodo..

entonces es ahí (y solo ahí), cuando sientes miedo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

RCP, please? (:

-Atrás viene una más grande, mejor sal.

Muy tarde. Yo estaba debajo de una ola relativamente pequeña y salí pensando: "Debo tomar aire para pasar debajo de la siguiente ola, así no me revuelca". Eso hice. Salí a respirar, volteé a ver si venían más y cuán lejos estaban. Mi error fue no calcularlas cerca. Giré la cabeza y me encontré a menos de un metro con una pared color aguamarina que se presentaba totalmente alta. "Nada debajo de ella, si te revuelca dolerá más. Toma aire". Pasé esta tercera ola, salí a respirar y el panorama no era nada alentador. Otra ola surgía fatalmente gigantesca y yo sin piso, sin aire, totalmente cansada; tomé aire nuevamente pues una revolcada maldita me esperaba si no me zambuía una vez más. Ya habían pasado cuatro olas y no sabía cómo regresar a la orilla, donde Noelia lloraba y mi mamá me decía que por favor vuelva. Otra ola se presentaba imponente e impetuosa. Sentí miedo.. miedo de no saber cómo salir, miedo de cansarme mucho y ahogarme, miedo porque mi corazón palpitaba muy rápido, miedo porque la ola estaba desgraciadamente muy cerca, miedo porque mi mamá no sabe nadar, miedo porque a mi derecha no había nadie, miedo porque me sentí sola, miedo de... La ola no esperó y yo no tuve de otra que nadar debajo de ella. "Ahora sí me muero" -pensé.

A la izquierda, por suerte, había un grupo de chicos.
-Por favor, ayúdame a salir.
Le grité a uno de ellos que me miraba sorprendido, "¿Por qué está sola aquí al fondo? Seguro sabe nadar", a lo mejor pensaba.
-Por favor, volví a decir con desesperación.

Por hablarle no me di cuenta de la sexta ola que me elevó muy alto sin moverme. Lo vi acercarse y sentí fuerzas de nuevo: tengo ayuda.

-Bien, _______. Molestaron sus amigos.
Me reprocho tanto no recordar su nombre, y es que la cantidad de agua acumulada en mis enfermos oídos bloqueaba el resto de sonidos, excepto al palpitar desaforado de mi corazón.
-Ven, ven, ven - dijo.
-No, la ola nos va a revolcar.
-No, tienes que venir.

Muy tarde. Me jaló del brazo haciendo que la sétima ola me eleve hasta la cúspide y arremeta contra la arena, conmigo adentro. La revolcada fue atroz, sentí cómo mi ropa de baño se quiso salir, y cómo el instinto femenino me hizo sujetarla, sentí cómo los pulmones me latían pidiendo aire, sentí que si no respiraba en un segundo mi corazón explotaba, sentí que mi mamá me esperaba, sentí que los golpes contra la arena ya no importaban; AIRE, por piedad.

-Mami, mami; ayúdame a levantarme.

Caminé hacia papá que se había quedado con las toallas. Jamás respirar estuvo tan deliciosamente genial. Llegué donde él y me tiré en la arena, totalmente exhausta, respirando bastante rápido, tratando de contarle que no pude salir de las olas seguidas y grandes.

"Papá, tuve miedo" - repetía.

sábado, 7 de noviembre de 2009

True love waits in haunted attics ♪

Me gusta el gesto que haces con los labios cuando saboreas el caramel frapuccino, que pronto recorrerá tu garganta. Es entretenido ver cómo esa gota de café, llena del dulce que no toleras mucho, sube por la cañita mientras miras la mesa rápidamente. Me gusta contemplarte.

Es más fácil quererte que quedarme dormida en clase de Física, y no sabes cómo quiero que llegue el 15. Necesito quitarme la ansiedad de dar ese examen y la incertidumbre de saberte mío. Después de ese día, haremos mil cosas juntos; será lindo.

Hoy te dije que postearía, por fin me doy el tiempo para hacerlo y esta entrada va para ti. Sabes que no es la primera vez que te escribo, pero por fin me atrevo a publicarlo. ¿Te lo esperabas? Sí, fácil; hay que ser muy idiota para no darse cuenta de lo mucho que me encantas.

Te quiero un montón y solo quería que lo sepas. Te quiero un montón y no espero que lo entiendas. Te quiero un montón y ojalá lo sientas.


Ésta es la foto más ricaaaa del planeta

domingo, 4 de octubre de 2009

Luna, ¿quieres jugar a las chapadas?

-Miguel, ¿has notado que la luna nos persigue?
-Oye sí, tienes razón; pero no creo que nos "persiga" seguro es tan grande que la vemos de todos lados
-Ah, creo que entiendo
Él tenía 7 y yo 5, seguro íbamos a la casa de tía Mónica en el auto rojo de papá. En esa época, podía pasar todo el camino mirando a la luna y pensar, muy divertida, que la luna nos seguía; la contemplaba cuando me transportaba de noche y nunca había tenido la oportunidad de compartirlo con alguien.

Miguel es mi primo y siempre lo he sentido muy inteligente porque desde pequeña me ganaba jugando playstation, diablo y chipitaps; dibuja genial, corre más rápido que yo, metía goles cuando me tocaba ser arquera, sabe mucha matemática, le gusta a las chicas y come un montón. Si le conté mi secreto con la luna fue porque esa vez quise enseñarle algo yo a él, y no resultó como planeé; es más, me di cuenta que la luna jamás me había seguido o que si lo hacía, no era yo la única.

No sé si la luna me habrá extrañado pero ya no la volví a seguir con la mirada, empecé a enfocar mi vista en la gente que iba en los carros o en los que corrían al paradero. Con Miguel empezamos a tomar distancias sin querer porque nosotras las niñas no queríamos jugar lo que los niños jugaban. Hasta hace poco, no eramos de hablar muchísimo o de confiarnos nuestras cosas. Recuerdo que me acompañó a un quinceañero en 3ero de secundaria y al ver que un chico me besaba se acercó, rápido pero discreto, a preguntarme si él era mi novio a lo que respondí afirmativamente. Los colores le regresaron al rostro, supongo que quedó más tranquilo al ver que Stephanie, la que lo ayudaba con sus tareas de inglés, no era una whore.

Ahora me da clases de matemática aplicada en el futuro examen de admisión, no quiero defraudarlo: debo ingresar. Siempre llega listo a resolver ejercicios que previamente repasó en su casa y hace bromas cuando estoy muy cansada. Ahora es más fácil hablarle y me agrada hacerlo; si estamos destinados a tener un lazo familiar siempre, es buena idea llevarnos genial.

En fin, a lo que iba era que ayer me encontraba de nuevo en el auto rojo de papá. Tenía en mente una pizza que pronto comería y de casualidad levanté la vista. Pude verla de nuevo: la luna estaba llena y lucía hermosa; noté que otra vez me "perseguía", reí para mis adentros. Bajé la mirada, empecé a recordar todo lo que escribí líneas arriba y fue cuando resolví escribir sobre esto. Me pregunté si otros niños que viajan al lado izquierdo en autos rojos, habían coincidido en la sana diversión que encontré 12 años atrás. Me pregunté si, tal vez, alguien la veía al mismo tiempo y con la misma dedicación que yo. Estaba blanquísima y preciosa.

Salí de mis cavilaciones, levanté la mirada pero ella ya no estaba. La había perdido de vista.















Como Diana dijo ese día: "Miguel, eres todo un modelito de portada"

jueves, 24 de septiembre de 2009

Love was surely made for fools like me

-Mínimo le pedimos el messenger

Antuanette, en la movilidad, convencía a todas para hablarle al chico del colegio x. Sonaba tan relajada, experta, confiada y segura que me sentí pequeñísima a pesar de ser tres años mayor que ella, y porque el día anterior "máximo le pedí el nombre" a un chico lindo que conocí.

Ayer la "CIEC" (no sé el significado de las siglas) tuvo un congreso en el colegio Juan 23. Un representante de cada escuela participante debía llevar una bandera de un país sudamericano. Fue por eso que a todos los abanderados nos llevaron a un salón aparte. Cuando llegué, habían tres chicos: la primera era del Villa María, el segundo del San Antonio Marianistas y el último del Cristo Salvador. Sí, todos los colegios eran católicos, razón principal del consorcio.

-Eh, ¿qué se supone que haremos?
-Supongo que cada uno llevará su banderita, eso dijo mi director, la verdad no sé ni dónde estoy sentado
-Bueno en una silla
-Ja, ja. Gracias (:

Así fue que empezó la conversación con el chico del Colegio Cristo Salvador. Pronto se unió el otro ser masculino al tema de postular a una universidad. Ya luego llegaban más chicos y chicas de diferentes colegios, todos muy nice y graciosos. Yo era la líder de la conversación y la estábamos pasando genial, especialmente porque de rato en rato el chico del costado (el del CS) me hablaba con comentarios muy inteligentes y divertidos. Su voz. Su voz era la más tranquila y segura que escuché jamás, y la entonación que ponía la hacía simpática y adictiva.

Llegó la mujer encargada de hacernos ensayar y repartió las banderas a todos. Sorpresa y roche número uno: yo llevaba la principal porque mi colegio es el presidente del consorcio este año. "UFF, qué palta" pensé y sin darme cuenta puse un gesto de desaprobación en el rostro. Noté que todos mis nuevos conocidos, que eran once, me miraban con cierto orgullo y ternura; por lo menos eso me dio un poco más de seguridad para salir sola a desfilar una bandera que gigante decía "CIEC", ni siquiera sabía qué significaba eso.. quién sabe si era: "Corderos Inmortales en Estado Cocaínico". Carla lo hubiese disfrutado.

Él, de lejos, me observaba con una gran sonrisa y fue quien nos enseñó cómo portar la bandera, aunque yo ya sabía por el colegio. Luego me contaría que era el abanderado de su escolta y que tenía experiencia con astas y telas coloridas.

-Sí pues soy el abanderado de la escolta
-Ah, con razón sabías cómo llevar la bandera
-Claro. Yo soy "Piernas-papi"
-Ja, ja, ja
-Es un buen chiste, se debe contar
-Sí, buenísimo
-Y mira, tengo puesta la chompa de mi amiga porque la mía se manchó en el recreo
-MFF qué masculino (en tono sarcástico)
-¡Sí! Se notan mis curvas, y ¿qué?
-Ja, ja, ja. Oye luego bailaré saya con las chicas que viste, las de las trenzas francesas
-Todas se veían lindas con sus trencitas. Asu, seguro va a estar bacán.
-Espero no equivocarme
-No creo porque pareces muy inteligente
-¿Gracias?

Por fin vino la ceremonia después de haber estado dos horas sentados en el salón asignado. Miss Marlene y las demás me cegaban con los flashes de las cámaras y todos me miraban tan risueños que depositaban confianza en mí y al final lo hice muy bien. Él salía por el otro lado del auditorio después de colocar su bandera. Sorpresa y roche número dos: Cuando estaba sola saliendo por mi lado del auditorio sentí a alguien atrás mío, eso era imposible porque yo era la última; en fin, era él.
-Holly crap, me asustaste. ¿Tú no salías antes?
-Quería asustarte
-Bueno, me voy a cambiar seguro tengo poco tiempo
-Ok, chau

Llegué a reunirme con mis amigas diciendo: "Chicas, he conocido a un niño bonito", a lo que respondieron con gritos molestosos y preguntas. Pasado el alboroto por fin escuché una sola interrogante a la vez, fue: "¿Cómo se llama?". Sorpresa y roche número tres: No sabía su nombre, sí mátenme.

Terminé de cambiarme mientras contaba los detalles de la conversación, me maquillé y me puse linda, esperaba encontrarlo una vez más aunque mi pudor se resistía un poco a que me vea en esa falda tan cortita. En fin, mi molécula NGF empezaba a funcionar y salí del salón resoluta y contenta. Encontré a tres chicas del grupo de los abanderados en el patio, les pregunté si habían comido los ansiados bocaditos; respondieron que sí y con la excusa de ir a ver si quedaban más fuimos hacia el salón donde esperaba encontrar al chico sin nombre de la voz simpática. Camino al aula nos cruzamos con el chico del San Antonio Marianistas con dos acompañantes, pasó guiñándome el ojo pero lo hizo tan cortés y amablemente que solo atiné a responderle con una sonrisa.
-Espera, ¿te guiñó el ojo?
-Uy sí, ¿no?
-Pero no has visto cómo te mira el de allá

Sorpresa y roche número cuatro: Era él, sí el chico sin nombre de la voz simpática. Me miraba como extrañado, me sentí como cenicienta. Ya, está bien, pisemos tierra. Si bien es cierto era él le dije a mis nuevas conocidas que debía ir a ver qué número era mi baile, pretexto para acercarme.
-¿Sabes dónde está el programa?
-Busquemos
-Ahí está
-Eres el quinto. Te veré, presentía que estaría bacán y viéndote creo que así será
-Eso espero, en serio

De pronto todos estábamos reunidos otra vez en el patio y pregunté cómo se llamaban. Nos reímos pues habíamos hasta cantado juntos y ni siquiera sabíamos nuestras identidades. Genial, se llamaba Sebastián, tenía una voz simpatiquísima y me gustaba.

Entré al salón con mis amigas y ya todas lo habían visto, coincidimos en que era lindo y con un aire inteligente. Estudiará Ing. Industrial en la uLima. Mariela, debes postular ahí para que lo conozcas.

Terminamos los últimos retoques y estábamos listas para bailar. Antes de ponernos en escena me acerqué al grupo de los nuevos conocidos y les dije que ya bailaría, nos dirigimos al auditorio y todos me desearon suerte. Él en especial me dijo: "Break a leg" y yo morí.

Del baile no hay mucho que contar, más que lo hicimos lindo y yo no dejaba de mirar hacia donde suponía que estaría él pero todo era muy oscuro por esa parte, no lo veía. Durante la danza tuvimos errores pero nadie los notó, solo el de Maira se distinguió pero dio a parecer que era parte de la coreografía. Finalizada la danza, corrí al salón a tirar las botas por donde sea porque los músculos de los pies le avisaban a mi cerebro el intenso dolor que sentían.
Me cambié rápido, quería verlo de nuevo.
-Karem, estás lista. ¿Vamos a despedirnos de mis nuevos conocidos?
-OK. Corre
-Karem, mis pies van a dejar un memorándum en mi organismo
-Tienes razón. Igual, corre

Y así fue, corrimos pero ya no estaba y no me atreví a preguntarle al resto si él llegó a ver la danza. Me quedé con la duda, aún sigo con ella carcomiéndome la cabeza y distrayéndome en clase, tanto como su voz tan peculiar y segura. Esos son los chicos que me gustan: los seguros de sí mismos, los que son capaces de enseñar "sin paltas", los que no miran las piernas de las chicas exuberantes y preciosas sino los ojos, los de comentarios inteligentes, los que son totalmente sociables y graciosos, los que saben todo el guión de "El Rey León", los que hablan en informal English, los que escuchan buena música y cantan sin vergüenza, los que tienen voces simpáticas y los que llevan chompas femeninas y se ríen de ello.

Jamás me atreví a pedirle su msn, cosa que para todos los que ya saben esta historia porque se las conté verbalmente, es tan simple y fácil. Stephanie no puede, se chupa. En su pseudo-mundo, ella es de lo más extrovertida en los temas que domina pero si le hablas de amor es probable que te mire inocentemente tímida y se ponga roja de vez en cuando.

Miren el lado positivo (propuesta que inventé para zafar de la gente que miraba con frustración): ¿Ustedes creen que si intercambiábamos messengers, hubiese hablado así de él en este blog? No lo creo.