jueves, 25 de febrero de 2010

a tear in the membrane allows the voices in

Cuando hay un nido de avispas en tu ventana conteniendo verdes larvas invasoras dentro, cuando la luz de la pc afecta directamente tus ojos, cuando una parte de tu cel se rompe y te obsesionas por arreglarlo inútilmente, cuando no escuchas música y no sientes la necesidad, cuando The Strokes y Radiohead se desunen, cuando jCasablancas canta electropop, cuando te ríes estúpidamente de una canción de Phineas & Ferb hasta que tu hermana llore, cuando sientes que debes contar hechos que ni siquiera existen en tu mente, cuando te levantas entre 11 y 12 am casi todos los días, cuando asombrosamente tender tu cama no es tedioso, cuando te cagas (pero te cagas) por él, cuando hay gente que habla de ti porque no tienen algo propio que contar, cuando eres fan número uno (estoy casi segura) del blog de aMorelli, cuando tienes una muñequita negra de vudú colgando en tu pared, cuando no cumples lo escrito en tu Agenda Bai Bai, cuando extrañas estudiar frenéticamente, cuando no te dio pena dejar el colegio, cuando sueñas en chino e inglés en una sola noche, cuando tu lengua ya no se siente enamorada de las contenciones de tus dientes, cuando decides usar un short que reemplazas por jeans al vestirte, cuando el sabor salado del pop corn agobia tu mente, cuando recuerdas el msn de tu amigo del verano 2005, cuando un moreno te ofrece servicios de reflexología, cuando sientes que lo acosas y él no se molesta, cuando te has perdido el último capítulo de Skins, cuando escribes un post de la nada, cuando las lentejitas (menestras) saben bien, cuando descubres que "cantar" o "reir" o "comer" no son verbos, cuando los cigarros se consumen a tu alrededor y no te incomoda ser fumadora pasiva, cuando sientes deseos de ser bibliotecaria como trabajo part time, cuando gastas cinco soles más de lo previsto, cuando te acostumbraste demasiado a que escriban mal tu nombre, cuando averiguas que naciste una hora antes de lo que pensabas, cuando te da miedo recaer en Laberintitis, cuando tu primera clase en la universidad se avecina, cuando necesitas una billetera que porte carnés, cuando los toritos ya no te atacan, cuando empiezas a ver tv más seguido, cuando tienes la sensación de ser espiada en la noche por un señor de lentes, cuando ves a una de tus cantantes favoritas actuar de pequeña en una novela mexicana picantísima, cuando él te lanza una mirada enojada y no puedes evitar encontrarlo más lindo que nunca, cuando te das cuenta que la destrucción de la Tierra no importa si entiendes que algún día morirás, cuando revelar esto no es incómodo..

entonces es ahí (y solo ahí), cuando sientes miedo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

RCP, please? (:

-Atrás viene una más grande, mejor sal.

Muy tarde. Yo estaba debajo de una ola relativamente pequeña y salí pensando: "Debo tomar aire para pasar debajo de la siguiente ola, así no me revuelca". Eso hice. Salí a respirar, volteé a ver si venían más y cuán lejos estaban. Mi error fue no calcularlas cerca. Giré la cabeza y me encontré a menos de un metro con una pared color aguamarina que se presentaba totalmente alta. "Nada debajo de ella, si te revuelca dolerá más. Toma aire". Pasé esta tercera ola, salí a respirar y el panorama no era nada alentador. Otra ola surgía fatalmente gigantesca y yo sin piso, sin aire, totalmente cansada; tomé aire nuevamente pues una revolcada maldita me esperaba si no me zambuía una vez más. Ya habían pasado cuatro olas y no sabía cómo regresar a la orilla, donde Noelia lloraba y mi mamá me decía que por favor vuelva. Otra ola se presentaba imponente e impetuosa. Sentí miedo.. miedo de no saber cómo salir, miedo de cansarme mucho y ahogarme, miedo porque mi corazón palpitaba muy rápido, miedo porque la ola estaba desgraciadamente muy cerca, miedo porque mi mamá no sabe nadar, miedo porque a mi derecha no había nadie, miedo porque me sentí sola, miedo de... La ola no esperó y yo no tuve de otra que nadar debajo de ella. "Ahora sí me muero" -pensé.

A la izquierda, por suerte, había un grupo de chicos.
-Por favor, ayúdame a salir.
Le grité a uno de ellos que me miraba sorprendido, "¿Por qué está sola aquí al fondo? Seguro sabe nadar", a lo mejor pensaba.
-Por favor, volví a decir con desesperación.

Por hablarle no me di cuenta de la sexta ola que me elevó muy alto sin moverme. Lo vi acercarse y sentí fuerzas de nuevo: tengo ayuda.

-Bien, _______. Molestaron sus amigos.
Me reprocho tanto no recordar su nombre, y es que la cantidad de agua acumulada en mis enfermos oídos bloqueaba el resto de sonidos, excepto al palpitar desaforado de mi corazón.
-Ven, ven, ven - dijo.
-No, la ola nos va a revolcar.
-No, tienes que venir.

Muy tarde. Me jaló del brazo haciendo que la sétima ola me eleve hasta la cúspide y arremeta contra la arena, conmigo adentro. La revolcada fue atroz, sentí cómo mi ropa de baño se quiso salir, y cómo el instinto femenino me hizo sujetarla, sentí cómo los pulmones me latían pidiendo aire, sentí que si no respiraba en un segundo mi corazón explotaba, sentí que mi mamá me esperaba, sentí que los golpes contra la arena ya no importaban; AIRE, por piedad.

-Mami, mami; ayúdame a levantarme.

Caminé hacia papá que se había quedado con las toallas. Jamás respirar estuvo tan deliciosamente genial. Llegué donde él y me tiré en la arena, totalmente exhausta, respirando bastante rápido, tratando de contarle que no pude salir de las olas seguidas y grandes.

"Papá, tuve miedo" - repetía.