-Mínimo le pedimos el messenger
Antuanette, en la movilidad, convencía a todas para hablarle al chico del colegio x. Sonaba tan relajada, experta, confiada y segura que me sentí pequeñísima a pesar de ser tres años mayor que ella, y porque el día anterior "máximo le pedí el nombre" a un chico lindo que conocí.
Ayer la "CIEC" (no sé el significado de las siglas) tuvo un congreso en el colegio Juan 23. Un representante de cada escuela participante debía llevar una bandera de un país sudamericano. Fue por eso que a todos los abanderados nos llevaron a un salón aparte. Cuando llegué, habían tres chicos: la primera era del Villa María, el segundo del San Antonio Marianistas y el último del Cristo Salvador. Sí, todos los colegios eran católicos, razón principal del consorcio.
-Eh, ¿qué se supone que haremos?
-Supongo que cada uno llevará su banderita, eso dijo mi director, la verdad no sé ni dónde estoy sentado
-Bueno en una silla
-Ja, ja. Gracias (:
Así fue que empezó la conversación con el chico del Colegio Cristo Salvador. Pronto se unió el otro ser masculino al tema de postular a una universidad. Ya luego llegaban más chicos y chicas de diferentes colegios, todos muy nice y graciosos. Yo era la líder de la conversación y la estábamos pasando genial, especialmente porque de rato en rato el chico del costado (el del CS) me hablaba con comentarios muy inteligentes y divertidos. Su voz. Su voz era la más tranquila y segura que escuché jamás, y la entonación que ponía la hacía simpática y adictiva.
Llegó la mujer encargada de hacernos ensayar y repartió las banderas a todos. Sorpresa y roche número uno: yo llevaba la principal porque mi colegio es el presidente del consorcio este año. "UFF, qué palta" pensé y sin darme cuenta puse un gesto de desaprobación en el rostro. Noté que todos mis nuevos conocidos, que eran once, me miraban con cierto orgullo y ternura; por lo menos eso me dio un poco más de seguridad para salir sola a desfilar una bandera que gigante decía "CIEC", ni siquiera sabía qué significaba eso.. quién sabe si era: "Corderos Inmortales en Estado Cocaínico". Carla lo hubiese disfrutado.
Él, de lejos, me observaba con una gran sonrisa y fue quien nos enseñó cómo portar la bandera, aunque yo ya sabía por el colegio. Luego me contaría que era el abanderado de su escolta y que tenía experiencia con astas y telas coloridas.
-Sí pues soy el abanderado de la escolta
-Ah, con razón sabías cómo llevar la bandera
-Claro. Yo soy "Piernas-papi"
-Ja, ja, ja
-Es un buen chiste, se debe contar
-Sí, buenísimo
-Y mira, tengo puesta la chompa de mi amiga porque la mía se manchó en el recreo
-MFF qué masculino (en tono sarcástico)
-¡Sí! Se notan mis curvas, y ¿qué?
-Ja, ja, ja. Oye luego bailaré saya con las chicas que viste, las de las trenzas francesas
-Todas se veían lindas con sus trencitas. Asu, seguro va a estar bacán.
-Espero no equivocarme
-No creo porque pareces muy inteligente
-¿Gracias?
Por fin vino la ceremonia después de haber estado dos horas sentados en el salón asignado. Miss Marlene y las demás me cegaban con los flashes de las cámaras y todos me miraban tan risueños que depositaban confianza en mí y al final lo hice muy bien. Él salía por el otro lado del auditorio después de colocar su bandera. Sorpresa y roche número dos: Cuando estaba sola saliendo por mi lado del auditorio sentí a alguien atrás mío, eso era imposible porque yo era la última; en fin, era él.
-Holly crap, me asustaste. ¿Tú no salías antes?
-Quería asustarte
-Bueno, me voy a cambiar seguro tengo poco tiempo
-Ok, chau
Llegué a reunirme con mis amigas diciendo: "Chicas, he conocido a un niño bonito", a lo que respondieron con gritos molestosos y preguntas. Pasado el alboroto por fin escuché una sola interrogante a la vez, fue: "¿Cómo se llama?". Sorpresa y roche número tres: No sabía su nombre, sí mátenme.
Terminé de cambiarme mientras contaba los detalles de la conversación, me maquillé y me puse linda, esperaba encontrarlo una vez más aunque mi pudor se resistía un poco a que me vea en esa falda tan cortita. En fin, mi molécula NGF empezaba a funcionar y salí del salón resoluta y contenta. Encontré a tres chicas del grupo de los abanderados en el patio, les pregunté si habían comido los ansiados bocaditos; respondieron que sí y con la excusa de ir a ver si quedaban más fuimos hacia el salón donde esperaba encontrar al chico sin nombre de la voz simpática. Camino al aula nos cruzamos con el chico del San Antonio Marianistas con dos acompañantes, pasó guiñándome el ojo pero lo hizo tan cortés y amablemente que solo atiné a responderle con una sonrisa.
-Espera, ¿te guiñó el ojo?
-Uy sí, ¿no?
-Pero no has visto cómo te mira el de allá
Sorpresa y roche número cuatro: Era él, sí el chico sin nombre de la voz simpática. Me miraba como extrañado, me sentí como cenicienta. Ya, está bien, pisemos tierra. Si bien es cierto era él le dije a mis nuevas conocidas que debía ir a ver qué número era mi baile, pretexto para acercarme.
-¿Sabes dónde está el programa?
-Busquemos
-Ahí está
-Eres el quinto. Te veré, presentía que estaría bacán y viéndote creo que así será
-Eso espero, en serio
De pronto todos estábamos reunidos otra vez en el patio y pregunté cómo se llamaban. Nos reímos pues habíamos hasta cantado juntos y ni siquiera sabíamos nuestras identidades. Genial, se llamaba Sebastián, tenía una voz simpatiquísima y me gustaba.
Entré al salón con mis amigas y ya todas lo habían visto, coincidimos en que era lindo y con un aire inteligente. Estudiará Ing. Industrial en la uLima. Mariela, debes postular ahí para que lo conozcas.
Terminamos los últimos retoques y estábamos listas para bailar. Antes de ponernos en escena me acerqué al grupo de los nuevos conocidos y les dije que ya bailaría, nos dirigimos al auditorio y todos me desearon suerte. Él en especial me dijo: "Break a leg" y yo morí.
Del baile no hay mucho que contar, más que lo hicimos lindo y yo no dejaba de mirar hacia donde suponía que estaría él pero todo era muy oscuro por esa parte, no lo veía. Durante la danza tuvimos errores pero nadie los notó, solo el de Maira se distinguió pero dio a parecer que era parte de la coreografía. Finalizada la danza, corrí al salón a tirar las botas por donde sea porque los músculos de los pies le avisaban a mi cerebro el intenso dolor que sentían.
Me cambié rápido, quería verlo de nuevo.
-Karem, estás lista. ¿Vamos a despedirnos de mis nuevos conocidos?
-OK. Corre
-Karem, mis pies van a dejar un memorándum en mi organismo
-Tienes razón. Igual, corre
Y así fue, corrimos pero ya no estaba y no me atreví a preguntarle al resto si él llegó a ver la danza. Me quedé con la duda, aún sigo con ella carcomiéndome la cabeza y distrayéndome en clase, tanto como su voz tan peculiar y segura. Esos son los chicos que me gustan: los seguros de sí mismos, los que son capaces de enseñar "sin paltas", los que no miran las piernas de las chicas exuberantes y preciosas sino los ojos, los de comentarios inteligentes, los que son totalmente sociables y graciosos, los que saben todo el guión de "El Rey León", los que hablan en informal English, los que escuchan buena música y cantan sin vergüenza, los que tienen voces simpáticas y los que llevan chompas femeninas y se ríen de ello.
Jamás me atreví a pedirle su msn, cosa que para todos los que ya saben esta historia porque se las conté verbalmente, es tan simple y fácil. Stephanie no puede, se chupa. En su pseudo-mundo, ella es de lo más extrovertida en los temas que domina pero si le hablas de amor es probable que te mire inocentemente tímida y se ponga roja de vez en cuando.
Miren el lado positivo (propuesta que inventé para zafar de la gente que miraba con frustración): ¿Ustedes creen que si intercambiábamos messengers, hubiese hablado así de él en este blog? No lo creo.